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¿Qué tienen en común la Terapia Gestalt y la narrativa audiovisual?

Uno de los principios en los que se fundamenta la Terapia Gestalt es el mismo que se usa como recurso en la narrativa audiovisual.

A priori, la Terapia Gestalt y la narrativa audiovisual no tienen nada en común. Por un lado, la narrativa audiovisual es lo que define el uso de la imagen y el sonido para explicar algo o construir una historia a través de medios como la radio, cine, televisión y vídeo, pero también Internet y los videojuegos, adaptándose a las características de cada uno. Hoy en día es un pilar en la comunicación digital, especialmente en periodismo y publicidad, ya que su función es explicar cosas complejas y transmitir ideas y sensaciones para ser percibidas, comprendidas y recordadas.

Por otro lado, la Terapia Gestalt es una corriente de la psicología humanista y existencial dentro del contexto de la postmodernidad. El término ‘Gestalt’ es alemán y significa ‘forma’, ‘figura’ o ‘configuración’. Hace referencia a una psicoterapia que tiene por objetivo ‘aprender a tener la propia energía disponible para el momento presente’, así lo define el terapeuta Quim Mesalles en una charla sobre Gestalt a la que atendí. Conocía la Gestalt por encima, pero esta charla me motivó para aprender un poco más y así es como descubrí que tenía algo en común con un recurso usado en el lenguaje audiovisual.

La Terapia Gestalt surgió a mediados del siglo XX, fundada por el alemán Fritz Perls (1893-1970) y secundada por otros pensadores como Laura PosnerMax Wertheimer, Wolfgang Köhler, Kurt Koffka y Kurt Lewin. Anteriormente, existía la ‘psicología de la Gestalt’, que se dedicaba al estudio de la percepción humana con el objetivo de conocer cómo funciona la mente. El filósofo austríaco Christian von Ehrenfels (1859-1932) es considerado como uno de los precursores, ya que introdujo por primera vez el concepto ‘Gestalt’ en la filosofía y la psicología en su obra más importante, Las cualidades de la forma (1890).

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Fritz Perls. Fuente: Wikipedia.

La Gestalt es una terapia vivencial o experimental que ayuda a encontrar la propia autenticidad y a sanar la incapacidad de vivir el presente y a disfrutarlo tal como es. El psiquíatra Claudio Naranjo (1932) es uno de los referentes contemporáneos de la Terapia Gestalt y de la psicología transpersonal, que es aquella que explora el crecimiento personal integrando una perspectiva espiritual. En su libro ‘La vieja y novísima Gestalt; actitud y práctica de un experiencialismo ateórico’, define los tres pilares de la Gestalt:

  1. Valoración de la actualidad temporal (el presente vs el pasado o el futuro), espacial (lo presente vs lo ausente) y lo sustancial (el acto vs el símbolo).

El primer punto se refiere a la Presencia: vivir el aquí y ahora sin que nos condicionen las memorias del pasado o las fantasías del futuro, valorando aquello que está presente más que lo que está ausente. Todo repercute en la situación actual de la persona, por eso se traen todos estos recuerdos y expectativas al presente, para ser trabajados en el momento de la sesión terapéutica.

  1. Valoración de la atención y aceptación de la experiencia.

El segundo punto alude a la Consciencia: darse cuenta y verse a uno mismo. Tener consciencia de nuestro comportamiento, de nuestras acciones, pensamientos y emociones, es un punto de partida para liberar traumas o bloqueos que obstaculizan el crecimiento personal.

  1. Valoración de la totalidad, o responsabilidad.

El tercer punto es la Responsabilidad: aceptar como somos y aceptar lo que nos sucede sin pretender cambiarlo, evitarlo o detenerlo. ‘Somos responsables de cualquier cosa que hagamos, nuestra única alternativa es reconocer tal responsabilidad o negarla’. Sostiene que, aceptando la verdad o la realidad, puedes percatarte de la cura. Este, precisamente, es uno de los temas que acusan las críticas. Desde mi punto de vista, me seduce más la idea de la responsabilidad como el hecho de hacerse responsable del bienestar de uno mismo y tomar las riendas del propio proceso de crecimiento personal, de verse a uno mismo como ‘el que hace cosas’ y no ‘al que le pasan cosas’.

La psicología gestáltica tiene muchas influencias filosóficas (fenomenología, holismo, existencialismo, pragmatismo…), desde Sócrates hasta las corrientes alemanas del siglo XIX. Uno de sus principios es el Efecto Zeigarnik. La psiquíatra y psicóloga de la Gestalt Bluma Zeigarnik (1900-1988) llevó a cabo un estudio con la teoría de que la mente humana se inclina a recordar aquellas tareas que están inacabadas con más facilidad. De tal forma que, cuando se han completado, puede archivarlas y olvidarlas. Invertimos mucho tiempo y energía tratando de cerrar temas pendientes, lo que en Gestalt se llaman ‘gestalts inconclusas o no resueltas’. Nos motiva terminar cosas, quizá por esto nos gusta tanto tachar listas! Incluso me atrevería a decir que nos genera rechazo el ver cosas inacabadas.

La Gestalt comparte este fenómeno psicológico con la narrativa audiovisual ya que aprovecha este patrón de la mente para enganchar al espectador. Se trata del ‘cliffhanger’ o ‘momento culminante’ y consiste en acabar el episodio de una serie con suspense y mantener al espectador a la expectativa. El suspense genera un sentimiento de incertidumbre y una preocupación por el futuro, ya que recibimos la información suficiente para anticipar algún hecho o desenlace dramático pero, sin embargo, no sabemos si se producirá o tendremos que esperar hasta el final para verlo. De esta manera, se consigue mantener la tensión de la historia y el interés de la audiencia. Es un elemento muy útil usado en el storytelling, el arte de contar historias. Netflix lo sabe bien.

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Fotograma de la película The Wrong Man (1956) de Alfred Hitchcock, maestro del suspense.

El suspense, un recurso tan usado en el género cinematográfico, también tiene influencias filosóficas. Aristóteles dijo que ‘el suspense es un elemento importante de la literatura’ en su libro Poética. El filósofo habla sobre el resultado que provoca mostrar un peligro real e inminente y a la vez generar un rayo de esperanza. Concluye que, si no hay esperanza, el público se desespera y, si la esperanza se confirma, el público se siente contento y satisfecho.

Este mismo recurso también es usado en neuromarketing, pero esto ya es otra historia. Continuará… 

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